Aurora es una mujer única. Cruzó el Océano Atlántico en solitario en un Pandora 320 (10 metros de eslora) y luego continuó navegando en el Mediterráneo por un lapso de 10 años. Cuando comenzó su viaje contaba con 65 años.

Conocí a Aurora hace exactamente 5 años cuando en marzo del 2015 vino a dar una charla en Rosario al Círculo de Patrones de Yate de la mano de sus amigos Miriam Rajadel y Ernesto Alvarez. Cuando tuve la suerte de tratarla quedé gratamente sorprendido por varios puntos sobresalientes de su personalidad. Antes que nada obviamente por su valentía al emprender esta épica aventura pero además por su sinceridad al confesar sin tapujos los miedos lógicos por los que pasó al atravesar momentos con situaciones de riesgo muy reales. Su gran fortaleza y su espíritu se destacan a simple vista por sobre otros valores que ella también posee. 

 Ahora después de una década de estar fuera del país (aunque con algunas visitas esporádicas) y con sus jóvenes 75 años, la experimentada navegante ha vuelto a Argentina a bordo de su Shipping. En un momento muy difícil para entrar al país debido al cierre de fronteras, tuvo que largarse desde Río Grande (Brasil) hasta Buenos Aires sin escalas, periplo que realizó sin mayores dificultades. Desde Buzios hasta Buenos Aires fue acompañada por el Médico Omar Sánchez. Según propias palabras de Canessa “todo lo bueno que tuvimos del clima con viento franco a favor se veía entorpecido día a día por las novedades que recibíamos con respecto a la situación complicada en todos los puertos”. “Fueron días de mucha angustia ciñendo contra las malas noticias a pesar de que navegamos todo el trayecto con viento de popa” manifestó.

No fue tarea fácil lograr que la dejaran ingresar a Dársena en Buenos Aires pero teniendo en cuenta sus pergaminos y el hecho que venía navegando desde hacía ya varios días sin tener contactos de riesgo y merced también a un extraordinario  apoyo de la gente de Prefectura Naval Argentina pudo obtener el permiso correspondiente para que su Shipping pudiera amarrar en el Dique correspondiente. Aquí en este punto Aurora, en una charla telefónicamente que mantuvimos apenas arribó a puerto, me indicó puntualmente  que transcribiese literalmente su inmenso agradecimiento a todo el personal de la PNA (especialmente a los integrantes de la dependencia de Puerto Madero) quienes fueron los verdaderos artífices para que ella ahora pueda estar en nuestro país.

A raíz de una serie de situaciones vividas fundamentalmente en los últimos tiempos, esta aventurera digna de admiración ha decidido escribir un libro sobre sus viajes al que titulará “Angeles en mi camino” reconociendo así las innumerables ayudas recibidas a lo largo de sus singladuras.

Seguramente volverá a Rosario cuando la situación de la cuarentena se normalice a disertar sobre sus últimos 5 años navegando y allí volveré a encontrarla y nuevamente me quedaré maravillado con sus relatos y  su atrapante personalidad.

Por alvaro casals

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